Para
DLLA, de Martín (Siempre tiendo a escribir con música, así que para esta madre, recomiendo ampliamente "The Professor" por Damien Rice).
O
hay una tendencia en mi vida... Escribir cuando me siento solo,
cuando estoy solo y solamente cuando sé que en realidad todas
aquellas cosas son un simple espejismo, una ilusión, un recreo de
todas esas cosas atosigantes que atascan a este universo pequeñito y
hambriento (entiéndase por "no estoy solo, pero me siento solo"). Y eso me lleva a pensar que todos estamos solos, y todos, tenemos a nuestra soledad, y a un paralelismo entre el saber que estamos por nuestra cuenta, y la
muestra física, bella y con piel que nos grita lo contrario. Y nos
encanta sufrir por ello, estar en el vaivén entre reconocer ambas cosas.
O
estoy pero bien malsano de la cabeza...
Aquí algo que escribí para ver si me explico mejor:
Paralelismos
de la soledad, mujersoledad y soledad...
Ah,
infinita soledad que sos como acérrima compañera, hermana, placer,
vicio... Y que te profeso terrible miedo.
Ah,
tú soledad, sos como mi amante, como una mujer que existe y que
conocí de manera aleatoria, casi desinteresada.
Fue
en un café... En uno de esos sitios donde te puedes encerrar en
público, abstraerte en su jazz ridículamente comercial, en sus
menús pretenciosos tratando de hacerse europeos. En un lugarcito así
fue cuando mis ojos te vieron...
Y
yo te observé.
Soledad,
eres como esa pestaña que se me cayó y que ahora está en el papel.
De naturaleza casi pragmática... O se te ve y se disfruta y se pide
un deseo... O no.
Punto,
fin de tu historia, hay que observar para conocerte. Eres como esa
pestaña sobre este papel... Abnegada, negligente, hasta que seas
comprendida. Soledad, eres como un estupefaciente benévolo. Como la
copa de vino que se toma antes de la comida.
Y
se te da ese sorbo, y luego se deja que le hagas caricias a mis
papilas... Como la bella mujer que sos.
Soledad,
concepto, carne, diosa, mujer... Soledad, que me abrazas como
Penélope a Odi, que llegó de tan lejos... Que llegué de tan lejos,
de las estrellas, y que curiosamente, por caos o destino te vi
mientras caías a mi papel, a mi poesía sin redacción, pestañita,
cariño, mujer, di, Di, di, Di, di que me quieres como yo a vos.
Di
que me querés, que me quieres, que me amais, que me loveas, que
sientes ese verbo-adjetivo-conjunción-interpolación-pensamiento por
mí, en español, en inglés o en ese idioma de los ojos que hablas
también, y vaya, tan deliciosamente bien también.
Soledad,
eres como brujería, como un encanto que encanta y que acompaña.
Soledad, me acompañas, en pensamiento y cuerpo a donde quiera que
voy, y sos siempre mía. Soledad, vienes, te manifiestas en palabras
ahogadas en tu voz, compuestas en el silencio.
Mujer,
no sos soledad, pero la soledad te ha hecho de ella... Te sedujo en
una de tus partidas a las tierras de sueños, y la trajiste consigo.
Ahora albergas a ese demonio, a ese ángel, al ente, al sensual
algoritmo que se usa para calcular y confeccionar cuidadosamente las
desdichas y zozobras, y amores, e ilusiones de todo... Y para colmo
estás cuidadosamente envuelta en un cuerpo irresistible de mujer.
Soledad,
no me dejas sentirme solo... Soledad, escucho tus pasos atrás de mi.
Soledad, es que te amo tanto, porque estás conmigo, soledad,
parafernalia, de cabellos y piel, y belleza. Soledad, no eres como tu
nombre, y como el seudónimo, que confeccioné para ti, que le puse a
vos, usted...
Porque
sos una mujer, y eres como una mujer, pero también sos una emoción,
una nomenclatura, un reflejo de la estética, del caos ordenado, de
una cara que llamas dispareja pero que es pareja, como pareja mía,
pero sos pareja como las estrellas.
No
hace falta que entiendas, soledad, la digresión, sino el cariño que
te tengo a ti, y a la soledad, que son tan ambiguas, analogías la
una de la otra y así sucesivamente hasta el infinito.
Hipnotizante.
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