Sé que siempre estoy en tu mente, porque tu corazón está muy ocupado en definir qué sientes por mí. Aunque lo cuestiones, nunca dejo de pensar en ti, has sido mi mejor experiencia, y si no te he agradecido, es porque también he sufrido. ¿Qué obtuve yo? Una sonrisa. Amor. Te regalo nuestra historia resumida en una noche.
Te abracé y nada en el mundo era mejor. Mis pulmones sentían el aire fresco de tu esencia, deliciosa. Nos movíamos al lento y romántico ritmo de una balada jazz, mientras tu rostro se apoyaba en mi pecho. ¿Qué más podía pedir?
Mis dedos, curiosos, rozaban la tersa piel de tu espalda y de tus brazos. Toda tu persona era hermosa aquella noche. El vestido blanco y negro te quedaba perfecto, y combinado con tu bella sonrisa, creaban a la mujer más preciosa que mis ojos hayan visto. Tú, mi amiga, y yo, bailando a la medianoche, como en muchas otras ocasiones.
Se detuvo la música y nos miramos a los ojos; veía las tenues y cálidas luces reflejadas en tu mirada. Interpreté tal gesto. Nos acercamos lentamente el uno al otro, te tomé fuertemente entre mis brazos, acariciaste mi cara, y nos besamos suavemente. Tus labios eran el sabor más exquisito. Nada ni nadie podría separarme de ti entonces. La vida se me hizo larga, y no existía el espacio ni el tiempo, sólo tú y yo unidos en un beso delicioso. Al final, como regresando de un viaje, nos miramos nuevamente y sin decir una sola palabra continuamos bailando. Sentí tus labios dibujando una sonrisa.
Dejamos al aire lo nunca dicho. Nunca nos preguntamos qué éramos, haciéndonos cómplices de nuestra propia verdad. Es la tortura que más se disfruta, y tú bien lo sabes, me torturas. Nos preguntan "¿Son novios?", sólo contestamos con una risa. Hoy descubrí un tipo diferente de amor, y es el que siento por ti, amiga.
Te amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario