Bueno, lo que están a punto de leer es algo que está basado en cosas reales. Este trabajín sí está escrito por mí, y está dedicado al otro dude que escribe en este blog, deseándole yo suerte, adonde quiera que se dirija... Para Jaime Tenorio (compañero con el que hice lo que están por leer):
Nunca
dejé la música. Y ella, supongo que no me dejará a mí, pues es la
salvadora de almas. Yo me ato a la firme creencia de que si existe un
Dios, él no habla con palabras, pues aprender cada dialecto e idioma
sería laborioso. Creo que el arquitecto es práctico y nos habla a
todos con la lluvia, el viento y la música.
(Del
21 de septiembre al 25 de noviembre)
Mi amigo se presentó a la fecha acordada en el lugar
acordado. Traía sobre el hombro, la funda de una guitarra y entre
sus pasos la determinación y futilidad del músico errante.
Era
nato en su caminar.
Me
saludó con discreción y procedimos a sentarnos en una banca del
parque por la que pasara bastante gente. Abrió la funda y sacó una
preciosa guitarra, con un diapasón, y puente clásicos y una maquinaria de antaño. Me quedé asombrado al
ver su detalle, su cuidado, y me quedaría enamorado de ella al
escucharla cantar…Esa
guitarra está genial hermano, ¿dónde la conseguiste?
- La compré baratamente en un lugar donde nadie sabía lo que valía…- Dijo sonriendo con algo de ironía en su mirada.
- Bueno, comencemos...
- Sí, pero ¿qué se supone que vamos a hacer?- Dijo viéndome como a un raro loco.
- Bien fácil, si la armónica está en C, A, G ó E pues te quedas haciendo acordes en esa misma escala… Puedes integrar séptimas, su escala correspondiente menor, su círculo armónico y todas sus variantes. Encárgate solamente de darle un rasgueo dinámico.
- Define dinámico- Dijo frunciendo el ceño.
- Pues, ¿te gusta el jazz?
- Amo el jazz.
- Entonces, dinámico es jazz.
Sin
más, dejó ir su mano y la revolvió con el aire y las notas del
otoño. Sus dedos se deslizaron por el nylon, mientras yo meditaba la
maravillosa relación entre la materia fría e irregular (incluso en
un instrumento bello) y un sonido perfecto.
Armonía abstracta.
Se
hizo la música.
Comenzó
con un mayor, y luego a delirar entre las séptimas quitadas y
agregadas en menores y mayores. Después escuché una séptima en do
mayor y después me perdí en su música. No sabía qué diablos
estaba haciendo con esa guitarra, pues deformaba sus dedos y
recortaba muy arriba del diapasón, luego soltaba algunas cuerdas y
en otras parecía que cada acorde tenía siete notas o más.
Distorsionaba mis oídos con una fluencia interesante.
Tomé
mi armónica y me sintonicé con su sonido. Embrujé a la magia…
Especié a la dulzura y armonicé al caos. Caminé sobre el sonido y
me detuve en la eternidad de un compás de sonido entre el que se
meditaba la próxima acción benéfica para el mundo.
Regresó
a un mayor, y a su menor correspondiente, al que lo acompañaba en
decaída de la alegría o en preparación para la grandeza.
Se
me hace tan curioso que mis cadencias preferidas sean las mayores. Me
siento más en paz cuando las escucho, cuando rozan mis oídos y se
cumplen todas mis aspiraciones humanas. Cuando de ahí se desencadena
una serie de vibraciones obstinadas hacia la locura, se hace la
verdadera música, cuando la pasión invade tus venas es cuando eres
un músico, aunque sea que solamente estés escuchando.
Se
dice que un corazón se adapta el ritmo de una pieza, y por tanto
cierta música es más benigna que otra para nuestros cuerpos. Pero
creo que la que viene de nuestro verdadero interior es mucho más
profunda y poderosa que otra. La que genera nostalgia, por eventos
futuros, una meditación cíclica y una magia empedernida es la que
hacen un par de músicos verdaderos cualquiera.
Podré
no haber sido bueno, pero la gente cooperaba por lástima o gusto en
la funda de aquella guitarra que solicitaba sustento para uno de los
dos. Las moneditas caían con cada doblez de nuestras personas a lo
que se hacía musicalmente en ese parque. Aunque sin él, no se
escuchaba nada extraordinario y viceversa, supongo que juntos el
interés acústico era exitoso.
Nos
comunicábamos como hermanos mirándonos para marcar ritmos y
finales, adivinábamos qué le gustaría más escuchar al universo en
un instante determinado, único. Finalizamos una pieza en asombro
absoluto de la magia de nuestra música.
Nuestra
lista de reproducción siguió un protocolo extraño. Pieza intensa,
pieza suave, improvisación deliberada, improvisación conjunta,
jazzecito, blues, la bamba, sonidos del silencio, y para terminar, otra pieza intensa.
La
pasión es una enfermedad del hombre. Es la que lo vuelve hombre y lo
sumerge a encontrarse en sí mismo. La pasión es un reflejo del alma
de uno, y viceversa. Existimos y somos para existir y ser.
...
Corrí
entre muchos lares durante un par de días. Y en todos me encontré
con varios músicos, que querían oírme y querían escuchar conmigo.
Toqué con todos ellos, armónica, guitarra, flauta o susurros.
Escuché con mis oídos para hacer música, pues el público hace su
música en aplausos y sonrisas.
Hay
rostros que recordaba y otros que se me almacenaban para nunca dejar
de verlos. La imaginación estalla en momentos así, y ves colores y
los colores te miran a ti, y te vuelves uno de ellos. Coexistes con
tus fantasías…
Toqué
música con vagos y con ricos, con el silencio y entre el ruido, con
jóvenes y viejos… Hice llorar a dos, y me hice llorar a mí mismo.
Mi
deuda se saldó al momento que cada moneda caía, pues era un gusto
que le regalaba a un ciudadano honorable, y a un escucha humilde...
...
Y
así lo hicimos, comenzamos en un re menor muy pasivo, tranquilo y
reflexivo… Bajamos a un do y luego a un la sostenido mayor mientras
yo hacía lo que sentía. La música fluía simple y sublime por el
aire del parque silencioso. Los niños jugaban, y el sonido se metía
por cada oído para embrujar y liberar…
Se
construyó la eternidad del instante, y compusimos un silencio antes
de darle una vuelta más al círculo…
El
ostinato invadió mi cabeza toda la semana… Ese apasionado y
expresivo ostinato en re menor.
Y es música aletargada, calificada alguna vez de "diavulus in musica" se extendió hasta la salida de la luna, y los sollozos del
vago se harían eternos. Espero al final, que todo escucha se acuerde de nuestra música de
vez en cuando pues pagó el precio más alto por una melodía… su
melancolía y su alergría.
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