Bueno, aquí les dejo un escrito hecho por un amigo mío que bien podrá escribir pero no sabe poner títulos. En fin... A mí me parece excelente la analogía que propone... Ojalá les guste...
Por: Omar Sánchez Mata (que no sabe poner títulos)
Me gusta pensar que la
vida es un campo de batalla. Todos nos especializamos en diferentes
campos. ¿Cuál es mi especialidad? Francotiradores.
Apunta, ajusta la
mira, jala el gatillo, recarga, cambia de posición.
Siempre mantengo mi
distancia, espero el momento justo para tomar esa oportunidad. Sólo
tengo un intento, no puedo fallar. Pacientemente espero el momento
para actuar, desde una larga distancia disparo y trato de no mirar
hacia atrás.
Cambia el cartucho,
apunta, jala el gatillo, recarga, cambia de posición.
Porque sería tonto
usar el mismo calibre para toda situación, ¿no es así? No podría
atravesar todo con una simple bala 9x19mm Parabellum, y tampoco puedo
desperdiciar balas .300 Winchester Magnum en toda situación. Así es
la vida. Tantos calibres, tantos caminos, tantos distintos resultados
a tantas situaciones que nos podremos enfrentar. Claro, hay
preferencias en cuanto a caminos y municiones, pero es algo que todos
sabemos (o deberíamos saber).
Cambio de rifle,
cambio de mira, ajusta la mira, apunta, jala el gatillo, recarga,
cambia de posición.
Así como no podemos
usar un mismo calibre para toda situación, no podemos tomar las
mismas decisiones para todo. Sería una gran estupidez tratar de
penetrar la armadura de un tanque con un Dragunov, y sería un
desperdicio usar un M82 para derribar a un solo hombre. Todo
enfrentamiento demanda una preparación adecuada, no podemos resolver
todos nuestros problemas por un solo método.
Cambia de posición,
escucha pasos, desenfunda tu pistola, acércate sigilosamente,
apunta, dispara.
Asimismo, pueden
aparecer imprevistos en cualquier momento. Es nuestro deber actuar
acorde a la situación. Si no puedes sólo, siempre podrás contar
con la ayuda de otros. Sólo un tonto usaría un francotirador en un
cuarto pequeño, y sólo Rambo enfrentaría a 10 enemigos sin ayuda.
A veces necesitamos una manera diferente para solucionar un
imprevisto. Otras, necesitamos un compañero que nos cuide las
espaldas.
Sientes una pequeña
ráfaga de viento por tu nuca, escuchas algo caer.
Es de tontos confiar
siempre en tus compañeros. No esperes que estén allí para siempre.
Si empezaste algo sólo, muy probablemente lo terminarás sólo.
Nunca dejes tu entera confianza en otros, siempre ten un grado de
individualidad y de inteligencia. No hagas estupideces.
Hombre abajo,
retrocede.
La vida siempre es
injusta. Cruel en los ojos de algunos, justa desde la perspectiva de
otros. ¿Acaso no es lo mismo en el campo de batalla? Nadie perdona
nada. Si no tomaste esa única oportunidad para derribar a tu
objetivo puedes estar seguro de que hay una mínima probabilidad que
tendrás otra ocasión para derribarlo. Tus compañeros van y vienen,
aprovéchalos cuando estén a tu lado. Si no lo haces, vivirás una
vida de arrepentimiento y culpa por el resto de tus días. Créeme,
lo sé mejor que nadie.
No hay tiempo de
llorar. Junta lo que puedas y avanza, todavía hay enemigos cerca.
Es duro ver a un amigo
sucumbir ante los infortunios de la vida, pero no podemos quedar
hundidos en algo que es un proceso natural. El ciclo de la vida no
tiene exentos. Si te detienes a lamentar una pérdida por mucho
tiempo, alguien puede apuntar una Desert Eagle a tu cabeza. No dejes
que nadie lo haga. No les des esa oportunidad. Tan solo imagínate
ese calibre .50 atravesando tu cráneo. Que tu motivación por seguir
vivo te impulse hacia adelante.
Sin municiones. Ves 10
enemigos juntos por una ventana. Miras hacia tu derecha y ves una
M60E4 en una repisa, lista para ser disparada.
Montas la gran
ametralladora en su bípode y empiezas a disparar. Gastas municiones
como si se pudieran comprar en el Oxxo de la esquina, sediento de
venganza por tu compañero abatido.
Nunca dejes que tus
emociones se te suban a la cabeza. Claro, no podemos ser asesinos sin
piedad, pero algunas circunstancias hacen que dejemos de razonar y,
literalmente, perdamos la cabeza. Mantén una mentalidad estable,
tranquila. Nunca te dejes llevar por las provocaciones enemigas, sólo
quieren sacarte de tus casillas y harán que pierdas la batalla.
Objetivos abatidos. Tu
posición ha sido revelada por tu imprudencia. Corre, no puedes dejar
que te atrapen.
Si uno se deja llevar
por las palabras de aquellos que quieren derribarnos, perderemos
todo. Nos veremos en situaciones muy difíciles, tal vez imposibles.
Todo lo que hayamos hecho se verá perdido. Esfuerzos en vano,
municiones gastadas a lo loco, pensarás que nada tiene sentido.
Nunca dejes que esto te pase. No importa qué hagan para desviar tu
camino, sigue adelante.
Te perdieron de vista.
Ves a un soldado enemigo en frente de ti. Tratas de ir por la muerte
silenciosa, pizas una pequeña rama haciendo un poco de ruido. No
tienes otra opción, derríbalo antes de que pueda poner un tiro
sobre ti.
Una que otra vez te
encontrarás en esta situación. No hay salida, ningún otro método
te sacará de este rollo. Sólo hay una manera de
resolverlo…enfrentándolo frente a frente. Uno a uno, CQC, ésa es
tu única salida.
Forcejeas con el
enemigo por la pistola en sus manos. Tratas de sacarle esa pistola
antes de que tenga oportunidad de dispararte. Ese revólver tan
aterrador, esa Colt Anaconda con su intimidante barril de 6 pulgadas
y esas balas de calibre .44 que tanto aterran tu pensamiento. Oyes un
disparo, sientes una punzada de dolor en tu pierna izquierda.
Finalmente le arrebatas el revólver y jalas el gatillo. Objetivo
eliminado, debes cambiar de posición inmediatamente.
Algunas veces saldrás
ileso de tus enfrentamientos. Otras, saldrás herido. Tú te puedes
imaginar el tipo y la magnitud de la herida. Claro, hoy en día
nuestras heridas “más profundas” son puras trivialidades. ¿Se
te murió la batería de tu BlackBerry?, ¿Te dejó tu novio después
de una semana y tú lo considerabas como el hombre de tu vida? Por
favor, esas son estupideces. No te dejes caer por cositas tan
insignificantes como esas. Si realmente tu herida es de gravedad y es
muy profunda, trata de buscar ayuda. Es de humanos caer, pero es
nuestro deber volvernos a levantar.
Tu pierna sangra
incontrolablemente. Haces un torniquete con un pañuelo que tenías
para evitar la hemorragia, pero sabes la gravedad de la herida. Haces
lo posible por llegar a terreno alto y te sientas un momento para
recobrar tu aliento.
No importa cuántos
problemas tengas que superar, cuántas heridas tengas que soportar,
tienes que seguir adelante. Si tienes suerte, las heridas sanarán y
se harán cicatrices. Cicatrices que te recuerdan qué hiciste y en
qué debes mejorar. Sólo hay un camino que puedes recorrer, sólo un
camino que deberás cruzar, el camino hacía tu futuro. Que tus ganas
de vivir sean, al menos, tu último impulso para seguir adelante.
No puedes más.
Arriesgarás todo para completar tu misión. Sacas un pequeño radio
de tu bolsa derecha. Murmuras unas pocas palabras y tus coordenadas
exactas. “Aguarda, la ayuda ya está en camino. Aguanta un poco
más.”
Llegarás a un punto
donde nada de lo que hagas te saque de un problema. Te verás
arrinconado, en otro callejón sin salida. Pero recuerda, no estás
solo. Siempre podrás pedir ayuda a aquellos que te rodean, a tus
compañeros en quienes más confianza tienes. No desesperes si no
puedes hacer todo por tu cuenta, menos cuando todo parece derrumbarse
a tu alrededor. Tienes compañeros que te acompañarán hasta en las
más malas situaciones. Así es, personas que podrás tener el
privilegio de llamar “amigos”.
Tu posición ha sido
revelada por el breve contacto por radio que acabas de hacer.
Arrinconado, sin manera de escapar, con pocas municiones en tu
confiable XM2010 y sólo un cartucho de tu querida SW1911, sabes que
no hay escapatoria. Sólo hay una cosa más por hacer, hacer lo que
mejor sabes hacer. Preparas tu rifle, ajustas tu mira y apuntas,
esperando que algún pobre diablo sea lo suficientemente
desafortunado de encontrarse con tu retícula.
Así es, prepárate
para hacer lo que siempre has hecho. No hay vuelta atrás, no hay
tiempo para pensarlo una vez más. Sólo estás tú, tus enemigos y
tus armas. Ponlo en cualquier contexto que desees, alguna vez te
encontrarás en esta situación.
Apuntas, jalas el
gatillo, recargas. 4 balas restantes.
¿Estoy haciendo lo
correcto?
Apuntas, jalas el
gatillo, recargas. 3 balas restantes.
¿Habré hecho bien en
seguir adelante?
Apuntas, jalas el
gatillo, recargas. 2 balas restantes.
¿Realmente éste es
el camino correcto?
Apuntas, jalas el
gatillo, recargas. 1 bala restante.
Si, así es. Éste es
el camino que elegiste. Es el camino que tú quisiste seguir, que
forjaste con tus propias manos. Con tu sudor, tus lágrimas, tu
sangre, es tuyo. Te enfrentaste a toda adversidad que se te presentó
y saliste victorioso.
Apuntas, jalas el
gatillo.
Desechas el rifle que
tantas veces usaste. Ahora sólo está tu confiable pistola SW1911,
tú, y los enemigos restantes.
Apuntas la pequeña
arma de fuego hacia un grupo de soldados. Vacías rápidamente tus 8
balas dentro del cartucho, eliminando a 6 soldados en poco tiempo.
Todo lo que hiciste,
todo lo que sufriste, todo lo que tuviste que soportar se reduce a
este momento. El momento de la verdad.
Logras ver a un
enemigo apuntando un rifle de asalto directamente hacia ti.
Reconocerías ese rifle donde sea. Un AK-47 con un cartucho lleno de
balas calibre 7.62x39mm, listas para ser disparadas. Cierras tus
ojos, esperando lo inevitable.
Sin ningún
arrepentimiento, cargo en la conciencia o meta incumplida es como
deberíamos pasar nuestros últimos momentos. ¿Habrás llegado hasta
ahí? Creo que si seguiste tu camino, tomaste tus decisiones aún si
eran erróneas y aprendiste de ellas, conociste a personas que
pudiste confiar e hiciste lo mejor para tener una vida “decente”,
habrás llegado a dicho momento.
Escuchas un disparo.
Pasan 10 segundos, algo cae. Abres tus ojos para ver el cuerpo del
soldado enemigo en el suelo. Empiezas a escuchar disparos familiares.
Así es. La insignia de tu escuadrón, el rifle G36 y M16A3 se
escucha por todos lados. La ayuda llegó. Tarde, pero llegó. No
haces esfuerzo alguno por levantarte, puesto que toda tu fuerza la
usaste para apuntar esa pequeña pistola hacia esos soldados. Cierras
tus ojos una vez más, esta vez para entrar en un sueño profundo. Tu
misión terminó, y ahora comienza la de los soldados que están
detrás de ti.
¿Lo sabes, verdad? El
epílogo de un libro puede ser el prólogo de otro. No creas que todo
tu trabajo se irá contigo al otro mundo, tus sucesores partirán de
ese mismo esfuerzo. Llama a ese sucesor tu hijo, amigo, colega,
compañero, lo que quieras. Es el comienzo de otra misión, de otra
batalla, de otra incesante guerra por sobrevivir en este frío y
despiadado mundo.
Así termina tu
batalla. Mi batalla, la de todos nosotros. Peleaste hasta el fin y
moriste con honor, como todo un soldado. Sólo espero que, quien sea
que esté leyendo este texto se pueda beneficiar de todo esto. Estas
fueron algunas de mis batallas y sé que son también las de muchas
otras personas. Toma esto como un pequeño diario de un colega de tu
escuadrón. Quién sabe, tal vez nos veamos como compañeros en una
guerra. O tal vez apunte mi rifle hacia ti siendo enemigos. Todo
puede suceder en esta batalla que libramos día a día y son nuestras
acciones las que dictan el curso de ella.
“War. War never
changes.” -Fallout
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