sábado, 28 de enero de 2012

Fragmento (sueños de hombre despierto)


Sueñitos poéticos…

Soñé que encontraba o (reencontraba) a esa alma tan maravillosa que define mi vida. Que le conocía, que me hacía de ella y ella de mí. Aunque sabía que estaba completamente lejos.

Soñé un sueño grande, y luego uno pequeño. Hice un vuelo y luego me elevé. Hice una picada arrogante, y fina en alegría: fina en alegría.

Soñé que una criatura llegaba y dejaba de ser antropomórfica… Y que luego me señalaba al cielo… Recobraba su forma de criatura y luego se metía a mi cuerpo.

Soñé que un ave azul cantaba canciones azules… Pero todo era alegría (ha sido mi único sueño imposible).

Soñé que soñaba, y luego despertaba. Entonces desperté.

Soñé con unos ojos y una sonrisa. Y amanecían enfrente de mis ojos. Y luego los miraba con mis ojos y sonreía con mi sonrisa… Y así soñé por siempre.

Último sueño de hombre cuerdo (los posteriores no eran completamente míos, sino que fueron inducidos por el destino)

Soñé que viajaba a una playa, y que huía de mi estancia.

Subía a una especie de motocicleta que no hacía ruido alguno.

Aceleraba por una carretera (que convenientemente para mi sueño iba junto a la línea que separaba al agua y la Tierra, al azul y a la realidad). Y de ahí, del horizonte, comenzaron a salir.

Miles, y quizá millones de aves de distintos tamaños (todas azules) volaron junto a mí. En velocidad suficiente para que el movimiento fuese estática. Las aves volaban junto a mí y el cielo era azul, mientras el sol se ponía, al tiempo que se mezclaban los naranjas.

La Tierra se movía, y las aves azules nublaron los paisajes marinos para armar su propio arte. Se volvieron mi propio vehículo, y me llevaron a la libertad. Me hicieron libre. Me hicieron íntegro.

Muy al horizonte, en el cielo, las nubes jugaban juegos de algodón con el sol. Se unían todos los tonos en un licuado de colores mientras todas las aves me llevaban a su hogar.

El viento cargado de la brisa salina mecía el transporte.

Levanté mis brazos.

Las aves se llevaban mis ropajes de hipocresía y de civilización. Las aves azules me despojaron y dejaron mi alma desnuda.

Y me llevaron al cielo infinito.

Y me hicieron una de ellas.  

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