Sueñitos poéticos…
Soñé
que encontraba o (reencontraba) a esa alma tan maravillosa que define mi vida.
Que le conocía, que me hacía de ella y ella de mí. Aunque sabía que estaba
completamente lejos.
Soñé
un sueño grande, y luego uno pequeño. Hice un vuelo y luego me elevé. Hice una
picada arrogante, y fina en alegría: fina en alegría.
Soñé
que una criatura llegaba y dejaba de ser antropomórfica… Y que luego me
señalaba al cielo… Recobraba su forma de criatura y luego se metía a mi cuerpo.
Soñé
que un ave azul cantaba canciones azules… Pero todo era alegría (ha sido mi
único sueño imposible).
Soñé
que soñaba, y luego despertaba. Entonces desperté.
Soñé
con unos ojos y una sonrisa. Y amanecían enfrente de mis ojos. Y luego los
miraba con mis ojos y sonreía con mi sonrisa… Y así soñé por siempre.
Último sueño de hombre cuerdo (los
posteriores no eran completamente míos, sino que fueron inducidos por el
destino)
Soñé
que viajaba a una playa, y que huía de mi estancia.
Subía
a una especie de motocicleta que no hacía ruido alguno.
Aceleraba
por una carretera (que convenientemente para mi sueño iba junto a la línea que
separaba al agua y la Tierra, al azul y a la realidad). Y de ahí, del
horizonte, comenzaron a salir.
Miles,
y quizá millones de aves de distintos tamaños (todas azules) volaron junto a
mí. En velocidad suficiente para que el movimiento fuese estática. Las aves
volaban junto a mí y el cielo era azul, mientras el sol se ponía, al tiempo que
se mezclaban los naranjas.
La
Tierra se movía, y las aves azules nublaron los paisajes marinos para armar su
propio arte. Se volvieron mi propio vehículo, y me llevaron a la libertad. Me
hicieron libre. Me hicieron íntegro.
Muy
al horizonte, en el cielo, las nubes jugaban juegos de algodón con el sol. Se
unían todos los tonos en un licuado de colores mientras todas las aves me
llevaban a su hogar.
El
viento cargado de la brisa salina mecía el transporte.
Levanté
mis brazos.
Las
aves se llevaban mis ropajes de hipocresía y de civilización. Las aves azules
me despojaron y dejaron mi alma desnuda.
Y
me llevaron al cielo infinito.
Y
me hicieron una de ellas.
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