Ahí estaba otra vez, disfrutando la Tierra desde el vasto espacio. Alcanzaba a ver el mundo sin fronteras dibujadas y de colores vivos y llenos de vida. A pesar de todo lo malo que ocurría allá abajo, yo estaba en paz. Había terminado mi trabajo. Había sido el ángel que yo mismo me había encomendado ser. Y sin embargo aún sentía un gran vacío en mi alma.
Había un sentimiento de carencia adormilado en algún punto de mis entrañas. Y meditaba sin parar acerca de qué era.
Técnicamente yo debía ser feliz. Pero no lo estaba. Yo ya debía haber encontrado una trayectoria distinta. Contemplando tantas cosas, sentí mucha alegría del hecho de haber convertido unas pocas vidas en algo un poco más ameno.
Pero mi viaje no había terminado. Muy por dentro estaba seguro de que algo me hacía falta. Miré al cielo y suspiré un deseo.
Y alguien osó contestarme otra vez. Y yo estaba ansioso por algo de diálogo. Tenía mucho que no hablaba con alguien.
“-¿Qué ocurre esta vez? ¿Por qué no estás contento?- Me preguntaron.
-Yo, no lo sé. ¿Habré hecho bien mi trabajo?
-Has hecho un trabajo excelente, el deseo de ayudar y la intención de hacerlo ya son algo, y se vuelven más si en realidad lo llevas a cabo.- Yo sonreí al ver la Tierra girar con determinación.
-Entonces, no lo entiendo. ¿Por qué no me siento feliz?
-¿Qué sientes entonces?
-Como si alguien mi quitara algo muy valioso y yo nunca me hubiese dado cuenta. Supongo.
-¿Y qué te habrán quitado? ¿Qué te pueden quitar, si tú ya no perteneces a esa historia, por el momento?
-Nada, no lo sé. Es como si no estuviese completo.
-Recuerda que tienes un alma humana, y que tienes una necesidad que no puede ser suplida aún después de muerto.
-¿Cuál?
-El amor.
-¿El amor?
-El amor
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