miércoles, 27 de julio de 2011

¿Amor?




-¿Qué quieres decir con eso del amor?- Pregunté.
-¿No lo recuerdas aún? ¿No la recuerdas aún?
-¿A quién?
-A ella.
-No sé de quién hablas.
-Fuiste amado en la Tierra. Y amaste a alguien en la Tierra.
-¿Y si fui amado por qué no la recuerdo?
-Hay muchas razones. Pero en tu esencia se puede notar que fuiste amado y que amaste.
-¿Cómo dices?
-Pues sí, tu color, se puede inferir que amaste y fuiste amado. En tu vibra se puede sentir, esa energía, esa magia que solamente puede ser fruto del amor humano.
-¿Y cómo es?
-Es sutil, es como un haz de luz junto a lo que sería tu corazón. Es intensa, lo suficiente como para poderte acoger dentro de la obscuridad. Es protectora, puesto nunca dejará que mueras de frío. Y lo hermoso es que se quedará contigo hasta el último momento.
-Insisto, ¿por qué no la recuerdo?
-Porque no sufrió con tu muerte.
-Explícate, por favor.
-Viste y atendiste a todos aquellos que te necesitaron después de tu partida. A todos los que necesitaban un empujón, o a los que sufrieron tu pérdida. Pero ella no está en esa lista. Ella siempre supo que tú estarías en un mejor lugar y que nunca te dolería. Solamente la viste cuando dejaste tu cuerpo, y fue la única vez que derramó lágrimas en tu nombre.
-Pero ¿cómo puede estar una persona que ama, tranquila, después de que la persona a quien quería murió?
-Porque comprende que las cosas estarán bien. Y sabe que siempre estarás con ella y ella siempre estará contigo. Y créeme, sabrá cómo encontrarte la próxima vez.
-Y ¿cómo es?
-Tú la conoces mejor que yo incluso.
-Y ¿cómo podría recordarla?
-Puedes buscarla, siempre lograrás encontrarla.
-¿Cómo?”
No recibí respuesta. Sin embargo, tenía que saberlo, saber de ella y conocer, y recordar lo último que hacía falta.
Así que comencé a bajar entre las nubes que viajaban hacia el sur. Sentí la esencia de los vientos y la sonrisa de las montañas. Me sentía tranquilo, puesto que conocía la naturaleza de mi viaje. Solamente me preocupé unos dos segundos por saber donde estaba. Estaba obscuro, era de noche en aquel punto del globo. Y mientras me deslizaba por entre una tormenta de rayos pude sentir un llamado en lo más profundo de mí.
Cómo si alguien me susurrase que regresara al menos un par de segundos. Como si alguien me gritase que caminara por mi propio bienestar. La velocidad era poca, puesto que quería disfrutar del viaje.
Al tiempo que me acercaba, me llegaban a la mente vívidos recuerdos de lo que alguna vez fue y de lo que siempre será. Su sonrisa, los latidos de su pequeño corazón y la ternura que vivía dentro de su mirada. Supongo que nunca podré ser capaz de olvidar eso. Y  no pude evitar sonreír cuando al fin pude ver sus aposentos por una ventana.
Estaba muy lejos, cierto, pero yo sabía que ahí estaba. Ese ángel que se había llevado mi corazón. Ese gran corazón de niño disfrazado de mujer fuerte. Me deslicé con tremenda cautela, aunque sabía que no podía emitir un ruido, no quería despertarla.
Se veía tan pacífica. Tan hermosa, con su pelo enmarañado sobre sus hombros blancos y pequeños. Tan bella, con su piel blanca enrollando de manera artística los sentimientos más hermosos que pude haber conocido mientras vivía.
En paz descansaba su cuerpo, pero sabía que en algún punto de sus sueños debía estar yo. Ansiaba descansar en un punto que ella me pudiese ver. Sabía que me extrañaba un poco, pero que mi muerte no le había causado dolor. Y eso me daba una tranquilidad exquisita. Tan pronto estuve junto a ella lo recordé todo.
Las caminatas, las tardes de lluvia y música, los momentos cuando vi que sus lágrimas salían de sus ojos brillosos y los momentos en que mis ojos querían descargarse al ver esa preciosa sonrisa. Ahí estaba mi pequeño angelito durmiendo en paz. Ahí dormía esa criaturita de la que me había enamorado hacía ya varios años.
La miré dormir, como me lo había pedido la primera vez que compartí su cama. Y fue como en aquel entonces. Igual que el día en que le juré al cielo protegerla, igual que el día en que sus respiros se convirtieron en parte de los míos, y que sus miedos se volvían mis guerras. Fue ese mismo día en sus guerras se convirtieron en mis búsquedas de paz. Cuando sus demonios se convirtieron en mis enemigos y la dejaron sola y tranquila.
Era una noche idéntica. Tormentosa, estruendosa; y sin embargo ella dormía aletargada en un deseo de libertad. Y soñaba apaciguada y bella. Con una peca preciosa junto a su ojo derecho, a dos dedos y medio de la punta de su párpado. Ahí estaba con su nariz lisa y sus ojos delicados. Seguían ahí sus manos de ensueño y sus labios que poseían un brillo natural y mágico. Su respiración era idéntica, acompasada y musical.
Recordé por qué la amaba y que siempre la amaría. Y sentí que ese vacío se acrecentaba y que se eliminaba a la vez. Sentía dolor y placer, sentí que mi alma danzaba con la suya en un baile eterno. Y susurró dormida, con su voz aguda y suave:
-¿Amor, eres tú?- Y mi ser casi se detiene, y mi ser se desmoronó. Ella sabía que yo estaba ahí listo para despedirme. Le dije:
-Sí, soy yo. ¿Pequeña, puedes oírme?- Y no esperé una respuesta, pero la recibí
-Sí.
-Siempre estaré contigo. Y prometo que te volveré a encontrar.
-Sí
-¿Aún me oyes?
-Sí
-Te amo.
Y se giró hacia la ventana, aún dormida. Y en su sueño, y en su cuerpo, no pudo evitar sonreír. Y yo no pude evitar desbordarme de alegría y gratitud. Subí las montañas y subí al cielo. Y ahí, comencé a ver la Tierra girar una vez más. Supongo que la humanidad es sólo un conjunto de gente buscando algo que yo había conseguido.
Sí, supongo que la humanidad es sólo un conjunto de gente buscando el amor absoluto y verdadero. Hacia distintas cosas o personas. Pero al fin, amor.

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