Yo no puedo estar muerto (3 semanas después de morir)
Meditaba desde las alturas mientras pensaba y decía en mi cabeza lo siguiente:
“Yo no puedo estar muerto. No podría estar muerto. Hay tantas cosas que me quedan por hacer aquí. Tengo miedo, en realidad, se supone que yo, que yo tenía más días con los cuales contar. Son muy pocos años los que viví. Y Dios mío, los viví tan estúpidamente. Seguí esas reglas impuestas por tantas nociones humanas tan insensatas. Y miré sin sentido cómo se pasaba el tiempo tan valioso. No lo supe aprovechar, me sumí en depresión demasiadas veces y me preocupaba por cosas que ya no tienen solución.
Viví quejándome tantos días y noches que ya no sé si aquel que no funcionaba era yo. Si quien no merecía las cosas era yo. Nunca lo había pensado. Y ahora que he muerto me doy cuenta de que tantas religiones, ciencias y teorías que tratan de responder las preguntas que nos hacemos no resuelven nada.
Ya reflexioné sobre el infierno y el paraíso, y sobre la eternidad de la muerte y de la vida. Podemos clamar que el hecho de no tener un cuerpo es estar muerto, ¿pero y qué con nuestro inmortal legado en esta tierra? ¿Y qué si yo sigo aquí? Seamos honestos, aún hay vida después de la muerte, yo sigo aquí y seguiremos todos aquí.
Pero al fin y al cabo me fundiré en el infinito, y ese día será el fin. ¿Para qué, en fin, nos pasamos la vida peleando a ver quién tiene razón, si en cierta medida, el ser, al pertenecer, el estar aquí, tenemos la razón en cierta medida?
A todo esto. Yo aquí al menos puedo contemplar al mundo, a las pequeñas hormigas, a mis hermanos. Aquí se ven los vientos y efectos de los cambios, aquí puedo ver todo lo que hice mal. No es justo, quisiera poder haber visto todo esto antes de morir.”
Y entonces alguien osó contestarme, y se abrió un diálogo.
-No has muerto. Sigues vivo.
-Espera un segundo, yo sí estoy muerto.
-No has muerto. Cuida bien antes tu concepto de “muerte” antes usarlo.
-Entonces ¿Qué me ha pasado?
-Has podido desligarte de tu materia. Te explico: Si tú sufres demasiado al estar en tu cuerpo. Y te hablo desde un dolor físico, y hasta mental, le haces daño a lo que ustedes en la tierra llaman espíritu. Entonces, tú ser se debe desligar de tu materia para evitar que te hagas daño.
Y al desligarte de tus dolores, de tus deudas, te todas tus responsabilidad infundadas, puedes observar lo que es este mundo raro. Y así, es como cualquier ser vivo puede contemplar a este mundo. Un sitio lleno de males y de bienes, un infierno combinado con un paraíso.
Ideas e idealistas, seres planos, seres profundos, amor, vida y muerte. Así es este mundo.
-Entonces yo estoy comenzando a ver cómo es el mundo en realidad.
-Sí, y por lo tanto yo no he muerto. Sino comienzo a vivir.
-Sí, abriste los ojos.
-¿Es en todos casos necesario desligarse de la materia para poder abrir los ojos?
-No, solamente es necesario un deseo puro de vivir, sobre las demás necesidades materiales. Ser feliz con cosas pequeñas y hermosas, sonreír al oler las flores y atreverse a llorar con una poesía. Vivir es tan subjetivo, y tan hermoso que no hay guía, solamente hay un primer paso.
Podrías llamar a este sitio el cielo.
Cielo y gnosis
-¿Entonces? ¿Qué no el cielo es otra cosa? ¿El paraíso?
-¿Qué llamarías paraíso?
-Un sitio sin sufrimiento, un sitio sin dolores, donde se hayan expiado todos los males del hombre.
-El mal no pertenece a los hombres. Ese paraíso que tú te imaginas junto con muchas otras almas humanas, no existirá nunca.
-¿Qué dices?
-Sí, es algo que simplemente no podría ser. Dime, ¿qué pasaría si yo consigo un grupo de gente y la meto a un sitio donde nada malo les pueda pasar? ¿Y qué pasa si yo los alimento y les doy todo lo que puedan necesitar, y eso se convierte en todo lo que lleguen a conocer? Y que sus memorias se olviden.
-Eso sería el paraíso.
-¿Pero entonces, cuándo se podría decretar qué es bueno y qué es malo? ¿Cuándo podría yo decir que algo hermoso sobre algo con menos belleza, sobre algo que todavía puede aspirar a más? ¿Dónde se distinguiría la música, si no existiera el silencio? Es mi único punto. La bondad es el recíproco del mal, y el mal actúa en reciprocidad del bien, así como la luz actúa sobre la obscuridad. Y nosotros, los seres, debemos de contar con parámetros para medir el bien y el mal. Por lo tanto no puede haber un sitio con iluminación pura, o con obscuridad total, sino que solamente existirá un sitio donde no podamos percibir la luz o la obscuridad.
El cielo, es vivir, ser íntegro; hallar la libertad. Encontrar ese balance tan preciado. Y el infierno es el mero elemento de culpa, ira y odio.
Un sitio es más iluminado que otro y ya. No puede existir un bien y un mal absoluto, sino que podemos hallar un bien extremo y un mal extremo, pero solamente llegarán a ser un extremo, mientras esté de acuerdo con nuestra comprensión o percepción.
-¿Qué dices, entonces que nosotros regimos la bondad y la maldad según nuestras percepciones?
-Sí y no, lo hacemos hasta nuestro grado de entendimiento, puesto que siempre existirán conceptos y parámetros que no se puedan comprender.
Fue un bien extremo el habernos creado. Fue un bien extremo el darnos a conocer la música, y la belleza, y el canto y las flores. Fue un bien necesario el darnos a conocer el mal. Fue un mal necesario, el comprender el bien. Fue un mal, el habernos inculcado una salvación absoluta, o una perdición absoluta.
¿No?
-¿Entonces dónde estoy?
-En un mundo infinito. Podrás ser tan grande o pequeño como desees. Podrás ser tan bueno o malo como desees.
-¿Qué no has dicho que no existe un absolutismo?
-Exactamente, dime, si tú tienes dos puntos, ¿hay un espacio entre ellos dos?
-Sí
-¿Y entre el punto medio de esa distancia, y el punto original, hay otro punto medio?
-Sí
-¿Y tus dos puntos iniciales, son el espacio más grande que puede existir?
-No
-Todo depende de tus parámetros. Y siempre que tengas las herramientas para medir y comprender tus percepciones a mayor o menor escala podrás usarlas a tu gusto.
Puedes llamar este sitio, esta comprensión que tienes de tu mundo; al hecho de vivir plenamente y ser libre a un nivel ajustado para tu espíritu, el cielo. Pero siempre debes recordar que este no es el nivel más alto al que aspiras. Siempre habrá misterios en la faz de este universo. Siempre existirán imágenes hermosas, y música a la cual tú te tendrás que adaptar para conocer.
-¿Cómo?
-Sí, si tú miras a ese grupo de estrellas solo verás puntitos, por ejemplo. Pero si tú tomas una captura con otro tipo de lente que capte otras frecuencias, otro rango de ondas, y luego lo conviertes a algo visible para ti, te encontrarás con algo absolutamente hermoso.
Si tú escuchas a un pájaro cantar escucharás algo. Pero si consigues comprender las cosas de otra manera, escucharás algo más hermoso que una simple melodía. Tu cabeza, estará adaptada a comprender cosas más y más bellas, haciendo tu paraíso o tu infierno más y más hermoso.
-¿Quién eres?
-Eso no importa, nunca importará, es más, tú ni siquiera puedes comprenderme o verme.
-Y ¿qué puedo hacer ahora?
-Ahora eres libre, y no por estar desligado de tu carne. Puedes hacer lo que te plazca.
-¿Sabes? Extraño a los que estaban vivos conmigo. Estaban en los peores aprietos antes de que me fuese. Y siento que aún depende de mí…
-¿Ayudarlos?
-Sí, pero no sé si tenga algún derecho de hacerlo.
-Tienes todo el derecho de hacer el bien. Hay a quiénes llegaron a llamar ángeles.
-¿Sería entonces, un ángel?
-Serías entonces, un ángel.”
Y entonces me quedé a contemplar esa hermosa noche. Aún no estaba listo para dejar la Tierra, puesto que todavía tenía sentimientos y amor ligados a ese lugar tan hermoso. Se veía tan hermosa ahí, rotando quietamente (desde mi perspectiva), con tanta vida, con tanta muerte. En tanto valor y en tanto dolor.
Pude ver el humo, y el aire puro. Pude oír el ruido y la música que nadie oye. Escuché el silencio tan absoluto y ambiguo a la vez del infinito. Esa inmensidad abrumadora y hermosa. Ese silencio es el lienzo en blanco que nos pondrá la vida una y otra vez para crear la música más bella, el silencio más sabio y las visiones más estéticas y bellas.
Poder percibir sin ojos, y escuchar sin oídos me fue posible al estar muerto, pues me di cuenta que es el puro deseo del espíritu de sentir calidez muy a su manera.
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