domingo, 17 de junio de 2012

Un sueño gris

Gris era la tarde de aquel día de otoño. Había salido a pasear un momento. A lo lejos, negras nubes amenazaban con fundirse en una terrible tormenta. Tarareando la melodía de alguna pegajosa pero sutil canción, mirando mis zapatos haciendo crujir las hojas secas, pensando en lo trivial. Maldije en silencio por no haber elegido un abrigo en lugar de una camisa. Intenté entonces que mi mente dominara al frío, no soy de los que regresan sobre sus pasos.

Comencé a sentirme agotado. Me detuve y levanté la vista en busca de una banca vacía. Ninguna de ellas estaba desocupada, por lo que decidí seguir caminando. Justo cuando iba a avanzar, sentí una mano que tocaba mi hombro delicadamente. Sorprendido, giré sobre mis talones y ahogué un grito al darme cuenta de quién se trataba. Tal fue mi asombro, que tuve que dar un paso hacia atrás para no desplomarme. Lo que vi me dejó sin aliento. Tengo el recuerdo un poco distorsionado, pero identificaría ese rostro en cualquier lugar.

Él se acercó y me susurró al oído una sola palabra: cuidado.

Esa palabra resonó en mi mente, haciendo eco, como queriendo lastimarme. No lo entendí en ese momento. Cuidado es algo que evito, no es prioritario. La gente pasaba alrededor nuestro, pero parecían no notar nuestra presencia. Quizás en realidad ni si quiera estábamos ahí. Él vestía una túnica negra, que no dejaba nada a la vista, más que sus arrugadas manos y su cara.

Tuve una repentina sensación de estar frente al peligro. Intenté salir del sueño, pero fracasé. Me sentí débil y vulnerable. El escenario que veía se detuvo por completo, primero a cámara lenta. Él colocó su mirada sobre mí una vez más; ahora cruzábamos las miradas. Sus ojos me recordaban algo. Tras alucinantes momentos, inconscientemente supe de qué se trataba el acto. Inmediatamente, como respuesta a tal pensamiento, él dio media vuelta y caminó hacia la nada, directo a la mancha negra del cielo aquella tarde. Su vestimenta oscura se combinó con las nubes, y desapareció.

Desperté, agitado por el sueño. Caminé torpemente hasta el baño y encendí la luz. Me miré en el espejo y ahí estaba él, al otro lado. Se escuchaban truenos de una fuerte tormenta y las feroces gotas de lluvia arremetían contra la ventana. Esperé. No tenía nada por qué tener cuidado, tal vez sólo fue un mal sueño, otra pesadilla que olvidaría. Regresé la vista hacia mi reflejo y me miré a los ojos. Y cuando me vi a mí, lo vi a él.

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