Entré
al cementerio con determinación. Hacía mucho frío y me acababa de percatar que
necesitaría una cobija. Pensé en cazar seis o siete gatos y despellejarlos para
hacerme una linda chamarra, pero supuse que podía aguantar el frío y ahorrarme
la energía.
Era
más tenebroso de lo que yo me imaginaba. La sugestión que se presenta un humano
al estar entre cadáveres enterrados. ¿Es el miedo a la muerte? ¿Es el terror a
la agonía? ¿Es el miedo de ser hombres, y temer la característica de ser
finitos? No entiendo a la muerte, y siento que ella nunca me comprenderá.
Siento que a veces podrá ser un consuelo, y otras, algo que deje trunca la
aventura de vivir.
No
había notado que el cielo de un pueblo era mucho más estrellado, y las nubes borreguitas
se habían ido del cielo. Me regalaron las estrellas y media luna para toda la
noche. Me recosté sobre la lápida más cómoda de todas y gocé de la soledad. El
silencio no era pesado, era sereno. Había una ligera brisa constante que
cambiaba de rumbos según el humor de las aves y la naturaleza.
Escribí
mil cosas, en mi mente.
Saqué
mi armónica y la hice delirar entre las mórbidas tumbas. Quienquiera que hayan
sido, ojalá hayan podido escuchar algo de lo que toqué aquella noche. Que los
muertos tuviesen oídos y que oyeran futuramente lo que mi alma tenía que
decirles…
Quizá,
incluso alguna de esas pobres almas fuese la sirvienta, o la mujer… No lo
sabría nunca pues tierra ahora son y siempre lo serán.
Hice
una poesía y la declamé… Y se olvidó por siempre.
Caminé
en el cementerio y bailé con los muertos al tiempo que soñaba. No había miedos
ahí, y tampoco había muerte… Solo un hechizo que hacía a la noche profunda y
eterna. Supuse que algún día pasaría todas mis noches en el cementerio y
sonreí. Era tan pacífico, tan intenso, tan sublime…
Era
las sugestiones de un simple hombre al estar entre cadáveres.
Caí
dormido. Desperté justo antes del amanecer…
Redacté
una serie de cuartetas… Ya que siempre quise hacerlo
y siempre disfruté la
escritura de los antiguos árabes en estrofas de cuatro versos, para expiar sus
almas, eran mis letras para el amanecer.

No hay comentarios:
Publicar un comentario