Este trabajo está hecho para la gente que no puede ver dentro de sí misma. Que somos todos nosotros en algún punto de la vida.
Hubo alguna vez en la confusión y caos eterno de una ciudad, un hombre que no se conocía. Y sufría de cuando en cuando porque quería saber más de sí. Este hombre tenía una visión asombrosa de lo que era el mundo. Sabía refractar la luz en sus ojos, y podía ver cosas que nadie más veía.
Adoraba los colores y los grises. Era un maestro de la escultura y un gran conocedor de todas las técnicas plásticas para demostrar que este es un mundo increíble. Había visto en los rincones más interesantes de la luz y los había mezclado con la obscuridad.
Él era un hombre que vivía justamente enfrente de mi casa. Y yo podía ver cómo pintaba y creaba cosas nuevas y muy interesantes. Sin embargo sabía que él estaba en búsqueda de sí mismo. Y no se conseguía hallar.
Nunca pudo ver las verdaderas facciones de su alma en medio de una pincelada, o de un garabato.
Sin embargo el pintor no conocía la gran afición que su alma tenía por descubrirse. Y una cubeta de agua fría le recorría la espina cada vez que hacía una obra de arte que no apreciaba.
El hombre que podía hipnotizar a otros humanos con su arte como el encantador de serpientes encanta a las serpientes. Pero pintaba lo que pensaba y no lo que sentía, veía lo que nadie más, pero no podía ver dentro de sí mismo.
Rostros
El pintor se me presentó una noche, mientras él soñaba y dejaba su cuerpo, yo lo esperaba junto a lo que sería su estrella favorita. Se sorprendió al verme ahí, pues de una u otra manera ya me conocía. El hecho de que haya logrado dejar su cuerpo físico fue a fin de cuentas por su gran afán de conocer lo incomprensible. Hay cosas en esta Tierra que no son visibles o tangibles cuando poseemos un cuerpo físico y son perfectamente claras cuando lo dejamos.
El pintor sabía bien que yo estaba ahí por alguna razón o mínimo por voluntad propia. Se deslizó hacia mí un tanto extrañado de mi presencia y me dirigió la palabra:
-¿Qué haces aquí?
-¿Qué haces tú aquí?- Le contesté.
-Yo busco respuestas.- Dijo
-Yo solamente te daré más preguntas- Le dije.
-¿Qué clase de preguntas?
-Las que te brindarán respuestas.
-¿De qué hablas?
-Si no has descubierto lo que buscas es porque no sabes lo que estás buscando.
-¿Y qué busco?
-No lo sé, si tú no sabes yo menos.
-¿Es esta alguna clase de juego enfermo?
-No, no es un juego, es tu ayuda hermano.
-Ayúdame entonces.
-Lo que tú buscas es pintar algo que pueda expiarte de tus culpas y males. No buscas una pintura hermosa, ni épica, ni nada por el estilo. Tú creas y pintas y haces algo de tu vida no por una ambición material; sino porque en realidad estás buscándote a ti mismo.
-¿Por qué a mí mismo?
-Porque en ti están todas las respuestas. Ven siéntate junto a mí.- Lo hizo, estábamos sobre una nube en medio de la obscuridad. La Tierra giraba determinadamente. Le dije: -Dime ¿qué ves?
-Veo el mundo.
-Y ¿qué más?
-A mucha gente confundida. A mucha gente que quiere hacerme daño y quiere hacerle daño a los demás. Hay gente que miente y que grita. Ese es el mundo que yo conozco y veo todos los días.
-Pero hay más en el mundo. ¿No?
-Sí. Pero no consigo ver todo lo demás. No tengo la libertad de volver mis ojos a lo que es en realidad hermoso. No puedo ni quiero pintar un pájaro porque significa algo que no tengo. Libertad.
-Tú tienes todas las respuestas.
-Supón que tienes una cubeta con agua. Y que tú quieres que esa agua sea pura y limpia. Sin embargo está llena de otros fluidos muchos más o menos densos que el agua en sí. Tienes, por ejemplo algo de alcohol, algún jarabe amargo y aceite. La única manera de poder beber esa agua y seguir viviendo es destilarla.
Hermano, todo lo que tienes que hacer es destilar tu alma. Depurar todo lo malo y entonces, podrás conseguir eso que ansías tanto. Que tu alas se liberen y que tú emprendas ese vuelo que quieres tomar. Eso implica que tú seas feliz, que tengas el amor volando contigo y que sepas manejar los vientos y usarlos a tu favor. Y entonces nadie más podrá bajarte. Puesto que una vez alcanzada, la libertad es eterna. Es cíclica, y eterna. Es tu propia melodía y tus propias ideas, independientes las que te han liberado del resto y te han brindado una felicidad que solamente tú puedes disfrutar.
-¿Pero, cómo puedo depurar mi alma?
-Muy simple, piensa en lo peor que te ha pasado. Piensa a lo que más miedo le tienes y entonces, píntalo. Exprésalo, grítaselo al mundo, aunque nadie lo vea. Tu ser estará con una carga más ligera. Tus miedos y culpas te quitan ese curso maravilloso que es la vida. Vive, expresa lo que piensas y dices, tu miedo, descárgalo y sé feliz.
¿A qué le tienes miedo?
-A esos rostros de dolor y maldad. Le tengo miedo a la soledad y a los rostros que veo en ella. A los rostros de imperfección, y mentira. Detesto un rostro con una sonrisa burlona. Y le tengo pavor a dos ojos con ira. Parecerá algo infantil, pero una cara me da miedo. Una cara con desesperación.
Le tengo miedo a la falta de luz en la obscuridad. Le tengo miedo a la prisión y a la falta de libertad. Le temo a la frialdad de los hombres y a los magos que obran contra los buenos. Y a sus rostros.
-Entonces, sácalos de tu mente…
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